En la cancha del Parque Xochipilli, el escenario donde tantas veces desbordó talento y alegría, Adolfo Maximiliano Ramírez Rodríguez volvió a ser el número 10 que hacía vibrar a todos... pero esta vez desde la memoria de quienes jamás lo olvidarán.
En el día en que habría cumplido 13 años, el balón rodó distinto. No hubo marcador, pero sí un resultado contundente: amor, unión y recuerdos. Familiares, amigos, profesores y compañeros formaron un solo equipo para rendir tributo al juvenil futbolista que dejó huella en la Academia Tigres, Titanes FC, Colegio María Montessori y Atlético Monclova. Tres meses después de su partida, su nombre volvió a ser coreado desde una tribuna llena de personas unidas por el afecto hacia Adolfo Maximiliano. "Le encantaba el fútbol... era su pasión", expresó con voz firme pero cargada de emoción su padre, José Ángel Ramírez. Y cómo no iba a serlo, si Maximiliano jugaba cada partido como una final, con esa alegría que no se entrena, que nace. Aunque también brilló en el tenis y el básquetbol, fue en el rectángulo verde donde construyó su propia historia, donde sembró amistades que hoy siguen firmes, acompañándolo en un homenaje lleno de emotividad.
La ceremonia tuvo momentos que erizaron la piel. Sus compañeros le dedicaron una canción, una especie de himno que describía su esencia: alegre, positivo, solidario. Sobre el césped, sus fotografías y camisetas contaban su trayectoria, mientras que unas velas encendidas formaban el número 10, ese dorsal que no sólo llevaba en la espalda, sino también en el alma.
Maximiliano fue campeón de goleo, campeón estatal, campeón nacional. Con Atlético Monclova, levantó un título que les dio el pase a un torneo internacional en Colombia, una ilusión que lo tenía soñando en grande. "Ver tantas muestras de cariño nos deja ver que lo educamos bien", añadió su padre, en medio de sentimientos encontrados.
Como parte del homenaje, los amigos de Adolfo Maximiliano formaron una línea desde el medio campo hasta la portería sur de la cancha del Parque Xochipilli. Los muchachos fueron pasándose el balón hasta llegar al área chica, donde cedieron el esférico a la familia del "10" para que estos la empujaran y metieran un gol que desató una gran cantidad de globos blancos que se elevaron al cielo.