Hace poco más de medio siglo vi nacer un niño hiperactivo, pues además de ir a la escuela primaria, trabajaba como cerillo en un gran centro comercial.
Y el tiempo que le sobraba lo utilizaba elaborando papalotes de papel periódico y carrizo, que disfrutaba haciéndolos volar, su deseo de superación lo llevó hasta la Sultana del Norte.
Donde solo y ante extraños, salió adelante, ya que después de estudiar y trabajar, se tituló como ingeniero, desde entonces se mantiene en el competido mercado laboral de la ciudad de Monterrey, donde actualmente se desempeña como director de operaciones de un prestigiado hospital.
Lugar donde triunfa y vuela casi tan alto como los papalotes que elaboraba cuando era niño.
Hasta la próxima.