La caída de Nemesio Oseguera Cervantes, uno de los criminales más buscados del mundo, parecía marcar un triunfo contundente para el gobierno mexicano. Sin embargo, semanas después del operativo en Tapalpa, Jalisco, la historia ha dado un giro inesperado: ya no se habla solo del golpe al narcotráfico, sino de contradicciones, omisiones... y señalamientos contra la prensa.
El periodista Raymundo Riva Palacio ha encendido la polémica al acusar a la Fiscalía General de la República (FGR) de intentar desviar la atención culpando a reporteros por lo ocurrido tras el operativo. Para él, el señalamiento no solo es injusto, sino "una canallada".
Un operativo exitoso... pero mal contado
El 22 de febrero de 2026, fuerzas federales abatieron al líder del Cártel Jalisco Nueva Generación en un enfrentamiento armado. La operación fue considerada uno de los mayores golpes al crimen organizado en años recientes.
Pero lo que vino después fue menos claro. La propia FGR reconoció que el lugar donde se encontraba el capo no fue resguardado adecuadamente, lo que permitió que civiles —incluidos periodistas— ingresaran a la zona.
Esto derivó en una escena del crimen potencialmente contaminada y en una narrativa oficial que empezó a tambalear.
Periodistas en la mira
En lugar de asumir plenamente la responsabilidad, la Fiscalía sugirió que la presencia de reporteros pudo haber afectado la investigación.
Riva Palacio rechaza esta versión. Según su análisis, los periodistas simplemente hicieron su trabajo: llegar al lugar, documentar y reportar. De hecho, señala que ellos estuvieron ahí antes que los propios peritos, quienes tardaron en arribar debido a las condiciones de seguridad.
Para el columnista, culpar a la prensa es una estrategia para ocultar errores más profundos: fallas en el manejo del operativo y, sobre todo, en su comunicación.
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La verdad incómoda
El trasfondo, sostiene Riva Palacio, es que el gobierno terminó enredado en su propia narrativa. Por un lado, presentó el operativo como un éxito; por otro, dejó vacíos en los protocolos básicos, como el aseguramiento del área.
Esa contradicción abrió la puerta a dudas:
¿Quién debía resguardar la escena?
¿Por qué no llegaron a tiempo los peritos?
¿Se intentó reconstruir la historia después de los hechos?
En ese contexto, la figura del "chivo expiatorio" aparece, y la prensa se convierte en el blanco más conveniente.
Más allá del operativo
La muerte de "El Mencho" no solo desató violencia en distintas regiones del país, sino también una batalla por el control del relato. Mientras las autoridades defienden su actuación, críticos y analistas cuestionan la falta de transparencia.
Al final, el caso deja una lección incómoda: en México, incluso los mayores golpes al crimen organizado pueden quedar opacados por errores institucionales y disputas por la verdad.