En medio de un clima de tensión comercial en Norteamérica, la presidenta Claudia Sheinbaum dejó clara la postura de México: el futuro económico de la región pasa por fortalecer el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), no por sustituirlo con acuerdos bilaterales aislados.
La declaración surge luego de versiones desde Washington que apuntaban a la posibilidad de crear "protocolos bilaterales" entre México y Estados Unidos, mientras Canadá quedaría en una negociación paralela. Sin embargo, Sheinbaum insistió en que la prioridad mexicana es conservar el esquema trilateral que durante años ha convertido a Norteamérica en una de las regiones comerciales más poderosas del mundo.
El T-MEC: una alianza que mueve billones
El T-MEC no es un acuerdo menor. Regula cadenas de suministro enteras: desde autopartes que cruzan fronteras varias veces antes de convertirse en vehículos terminados, hasta productos agrícolas, tecnología y manufactura avanzada. De acuerdo con análisis recientes, alrededor de 2 billones de dólares en comercio anual dependen del tratado.
Para México, el peso del acuerdo es aún mayor. Gran parte de sus exportaciones y miles de empleos industriales están ligados directamente al mercado estadounidense y canadiense. Por ello, cualquier cambio en las reglas comerciales tendría efectos inmediatos en estados manufactureros, zonas fronterizas y cadenas logísticas de todo el país.
¿Por qué México quiere mantener a Canadá dentro?
La respuesta es estratégica. Mantener a Canadá en la mesa evita que la relación comercial se convierta en una negociación desigual entre dos países con distinto peso económico. Además, el esquema trilateral ofrece mayor estabilidad jurídica, reglas claras y una visión regional que atrae inversiones.
Separar el tratado en acuerdos bilaterales podría fragmentar cadenas productivas y generar incertidumbre para empresas automotrices, acereras, tecnológicas y agrícolas que operan como bloque regional.
La revisión decisiva de 2026
Este año será clave. Los tres países deben definir si extienden la vigencia del T-MEC hasta 2042 o si entran en revisiones anuales rumbo a una eventual expiración en 2036. Mientras tanto, ya comenzaron conversaciones sobre reglas de origen, aranceles al acero y aluminio, y el futuro de la industria automotriz.
El mensaje político de Sheinbaum
Más allá de lo económico, la postura de Sheinbaum envía una señal diplomática: México busca mostrarse como socio confiable, promotor de estabilidad y defensor de una integración regional moderna. En tiempos de presiones proteccionistas, la apuesta mexicana es clara: más Norteamérica unida, no menos.
El desenlace de estas negociaciones podría redefinir la economía continental durante la próxima década.