En medio de protestas sociales y tensión política en Sinaloa, el embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, envió un mensaje directo: las inversiones extranjeras solo prosperan donde existen seguridad, transparencia y cero corrupción.
El pronunciamiento ocurrió durante la ceremonia de colocación de la primera piedra del proyecto Pacífico Mexinol, una millonaria planta de metanol en Topolobampo, considerada una de las apuestas industriales más ambiciosas de los últimos años en México. Sin embargo, el evento estuvo marcado por manifestaciones ciudadanas que cuestionan el impacto social y ambiental del proyecto.
Johnson advirtió que ninguna empresa arriesgará capital en lugares donde "las reglas no son claras", donde no hay rendición de cuentas o donde la corrupción se tolera. El mensaje fue interpretado como una señal no solo para Sinaloa, sino para todo México, justo cuando el país busca atraer nuevas inversiones bajo el marco del T-MEC.
Protestas frenan ceremonia
Mientras empresarios y funcionarios celebraban el arranque simbólico del proyecto, integrantes del colectivo ¡Aquí No! irrumpieron para exigir consulta a comunidades indígenas y mayor transparencia en el desarrollo de la obra. La presión llevó al gobernador Rubén Rocha Moya a comprometerse a revisar el proceso con los pueblos originarios.
Más que una crítica, una advertencia económica
Especialistas consideran que las palabras del embajador reflejan una preocupación creciente entre inversionistas internacionales: violencia, extorsión, burocracia e incertidumbre legal siguen siendo frenos para nuevos proyectos.
En otras palabras, el mensaje fue claro: México tiene potencial enorme, pero para convertirlo en crecimiento necesita garantizar Estado de derecho.
Lo que está en juego
La planta Pacífico Mexinol representa miles de empleos y una inversión multimillonaria. Pero también demuestra que hoy los grandes capitales no solo revisan costos o ubicación: observan estabilidad política, confianza institucional y honestidad gubernamental.
En tiempos donde la competencia global por inversiones es feroz, la corrupción puede costar más que cualquier crisis: puede ahuyentar el futuro.