Once países africanos llevan 18 años construyendo una muralla verde para frenar el avance del Sahara, pero solo han completado el 18% del proyecto.
Desde hace casi dos décadas, once países africanos trabajan en uno de los proyectos ambientales más ambiciosos del planeta: la creación de una gigantesca barrera natural de árboles y vegetación que recorrerá cerca de 8 mil kilómetros a través de África, desde Yibuti hasta Senegal, con el objetivo de detener el avance del desierto del Sahara.
La iniciativa, conocida como la Gran Muralla Verde, fue lanzada oficialmente en 2007 y busca restaurar tierras degradadas, combatir la desertificación y mejorar las condiciones de vida de millones de personas que habitan la región del Sahel, una franja semiárida extremadamente vulnerable al cambio climático.
Sin embargo, después de 18 años de trabajos y miles de millones de dólares invertidos, el proyecto apenas ha logrado completar el 18% de sus objetivos, según datos reconocidos por la propia Unión Africana.
¿Qué es la Gran Muralla Verde?
La Gran Muralla Verde es un proyecto continental impulsado por once países africanos para crear una franja de vegetación capaz de frenar el crecimiento del Sahara hacia el sur.
La estrategia consiste en restaurar ecosistemas mediante la plantación de árboles, la recuperación de suelos y la protección de vegetación nativa en zonas degradadas del Sahel, región que separa el desierto de las sabanas tropicales africanas.
El plan contempla metas concretas para el año 2030:
- Restaurar 100 millones de hectáreas de tierras degradadas.
- Capturar 250 millones de toneladas de dióxido de carbono.
- Crear 10 millones de empleos verdes.
- Reducir el desplazamiento masivo provocado por la crisis climática y la pérdida de tierras fértiles.
El proyecto también pretende evitar que millones de personas abandonen sus comunidades debido al deterioro ambiental y la falta de recursos.
¿Por qué preocupa tanto el avance del Sahara?
De acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la región del Sahel enfrenta un proceso acelerado de desertificación y aumento de temperaturas.
Durante el último siglo, las temperaturas han aumentado alrededor de 1.5 grados centígrados por encima del promedio mundial, mientras que el desierto avanza entre 45 y 60 centímetros por año.
Las consecuencias podrían ser graves para la población africana. Las proyecciones indican que, si la degradación ambiental continúa, cerca de 250 millones de personas podrían verse obligadas a desplazarse antes de 2050.
Además de la crisis humanitaria, la pérdida de tierras fértiles amenaza directamente la seguridad alimentaria de millones de familias que dependen de la agricultura para sobrevivir.
Especialistas destacan que una sola hectárea restaurada puede almacenar grandes cantidades de carbono y producir alimentos suficientes para varias familias, lo que convierte al proyecto en una herramienta importante contra el cambio climático.
Los avances más importantes del proyecto
Aunque el progreso general ha sido lento, algunos países han conseguido resultados relevantes.
Etiopía es considerado uno de los casos más exitosos tras restaurar cerca de 15 millones de hectáreas mediante una técnica conocida como regeneración natural asistida. En lugar de plantar árboles nuevos de forma masiva, las comunidades protegieron y cuidaron árboles que crecían naturalmente, reduciendo costos y aumentando la supervivencia de la vegetación.
Esta estrategia ha demostrado ser más eficiente en regiones áridas, ya que las plantas adaptadas al entorno requieren menos agua y resisten mejor las sequías.
Senegal también reporta avances importantes, con alrededor de 12 millones de árboles plantados, mientras que Nigeria logró recuperar aproximadamente 5 millones de hectáreas en su frontera norte.
Corrupción, conflictos y falta de mantenimiento frenan el proyecto
Pese al respaldo internacional y a las fuertes inversiones económicas, gran parte de los objetivos siguen lejos de cumplirse.
Diversos informes señalan que miles de millones de dólares destinados a la iniciativa se han perdido entre problemas administrativos, corrupción y la inestabilidad política causada por golpes de Estado y conflictos armados en varios países de la región.
Además, muchas zonas reforestadas enfrentan problemas de mantenimiento por falta de infraestructura y recursos para operar sistemas de riego o reparar bombas de agua.
Como consecuencia, miles de árboles plantados durante los primeros años han muerto antes de consolidarse.
Actualmente, más de 135 millones de personas en el Sahel dependen de tierras degradadas para sobrevivir, mientras la región enfrenta simultáneamente inseguridad alimentaria, migración forzada, conflictos por recursos naturales y expansión de grupos armados.
¿Qué pasaría si la Gran Muralla Verde se completa?
Si el proyecto logra cumplir sus metas, el impacto sería significativo tanto para África como para el resto del mundo.
La recuperación de tierras fértiles permitiría fortalecer la producción de alimentos, generar millones de empleos y reducir la presión migratoria causada por el cambio climático.
También ayudaría a capturar grandes cantidades de carbono de la atmósfera y aumentaría la resiliencia climática en una de las regiones más vulnerables del planeta.
Sin embargo, especialistas consideran que el verdadero desafío no es únicamente plantar árboles, sino garantizar que los recursos lleguen a las comunidades, combatir la corrupción y aplicar estrategias sostenibles adaptadas a las condiciones locales.
Por ahora, la Gran Muralla Verde continúa siendo una de las apuestas ambientales más ambiciosas del siglo, aunque todavía muy lejos de alcanzar las metas planteadas hace casi veinte años.