MONCLOVA, COAH.-Entre arreglos florales, veladoras encendidas y un silencio cargado de dolor, Yeremi, de 18 años, recibió este sábado el último adiós en la funeraria La Paz, ubicada en la colonia El Pueblo, luego de perder la vida en el incendio que consumió el jacal donde vivía junto a su pareja Naomi Arzola, de 20 años, y la bebé de apenas un año de edad.
A diferencia de Naomi y su pequeña hija, cuyos cuerpos fueron velados y posteriormente cremados en otra funeraria junto a la familia materna, Yeremi fue despedido por su familia en un servicio aparte, marcado por la tristeza y el recuerdo de una vida que se apagó demasiado pronto. Frente al féretro, rodeado de coronas y flores, se reunieron familiares y personas cercanas para acompañarlo en su despedida, todavía sacudidos por la tragedia ocurrida en la colonia Independencia.
Entre todos, el dolor más profundo se reflejaba en el rostro de don Luis, su abuelo, quien no solo lo vio crecer, sino que prácticamente lo crió como a un hijo. Durante años, el hombre se convirtió en figura paterna para Yeremi y sus hermanos, y este fin de semana tuvo que enfrentarse a una de las escenas más duras de su vida: despedir al nieto que ayudó a formar, al joven al que vio convertirse en hombre y que ahora se fue en medio del fuego, junto a la familia que apenas comenzaba a construir.
La tragedia dejó a dos familias rotas. Mientras Naomi y la bebé fueron despedidas en otro punto de la ciudad por sus seres queridos, en la funeraria La Paz el ambiente era de luto, resignación y una tristeza difícil de nombrar. Las flores acomodadas alrededor del ataúd parecían insuficientes ante la magnitud de la ausencia. No había palabras que alcanzaran para explicar lo ocurrido en la madrugada del viernes, cuando las llamas consumieron no solo una vivienda improvisada, sino también los planes, los afectos y la esperanza de una familia joven.
La mujer recordó que, en medio del caos, logró comunicarse con don Luis, abuelo de Yeremi, quien entre llanto le soltó la frase que terminaría por marcar la tragedia: "Susy, ya se quemaron los muchachos y la niña". Aseguró que el apoyo de policías y cuerpos de auxilio llegó con rapidez, pero el incendio fue todavía más veloz. "Se escuchaba que la muchacha gritaba muy fuerte", dijo. Para Susana, la pérdida también es personal: conoce a la familia desde siempre y a Yeremi, a quien nunca llamaba por su nombre, sino "mi chiquitín". Lo vio crecer en ese mismo sector, lo vio formar pareja y comenzar a vivir en el pequeño jacal junto a Naomi y la bebé. "Los aprecio mucho a todos", expresó, con la voz quebrada, como quien no solo habla de unos vecinos, sino de una familia que formaba parte de la vida cotidiana de toda una calle.
Las personas de buen corazón que desean ayudar a la familia de Yeremi, sobre todo a su abuelo quien ha perdido su patrimonio podrán hacerlo comunicándose al número 8661432062.