"¿Por qué nos la quitaste, papá?"
Entre canciones de mariachi, abrazos y reclamos de sus hijos, Amalia Orozco y Eduardo Valadez fueron despedidos en Monclova tras una tragedia que dejó a su familia sumida en el dolor.

Resumen
¿Por qué esto es relevante?
¿Preguntas y respuestas?
"¿Por qué nos la quitaste, papá?", "¿por qué lo hiciste?", "mis papitos" ... Las preguntas se mezclaban con el llanto de los hijos de Amalia Orozco y Eduardo Valadez, quienes este jueves tuvieron que despedirse de sus padres en el panteón Sagrado Corazón de Monclova, en un adiós marcado por el dolor y por respuestas que ya no podrán recibir de ambos.
Al mediodía, los cuerpos salieron de la funeraria de la CTM. Detrás, una caravana de vehículos avanzó por la avenida Constitución rumbo al cementerio, acompañada por familiares, amigos y conocidos que se reunieron para darles el último adiós.
El recorrido terminó entre flores, abrazos y lágrimas. A su llegada, las notas de un mariachi comenzaron a llenar el ambiente con canciones de despedida.
La música, lejos de aliviar la tristeza, acompañó el llanto de quienes todavía intentaban asimilar que Amalia y Eduardo ya no volverían a casa. Pero el dolor más profundo se concentró en sus hijos.
Tres hombres y una mujer quedaron en medio de los abrazos de sus familiares, que intentaban sostenerlos mientras enfrentaban una pérdida difícil de comprender.
Dos de ellos, hijos de una relación anterior de Amalia, estuvieron acompañados por su padre durante parte de su vida; los otros dos eran hijos de Amalia y Eduardo.
En medio del sepelio, las voces de los hijos rompieron el silencio con preguntas dirigidas a su padre.
Algunos se acercaban a él en medio del llanto, mientras otros expresaban el dolor de haber perdido a su madre y a su padre en circunstancias que marcarán sus vidas.
"¿Por qué nos la quitaste, papá?", se escuchaba entre el llanto. No era solamente una despedida: era el reclamo de quienes intentaban entender por qué su familia terminó reunida en un panteón, frente a dos ataúdes.
Los familiares los abrazaban, les ofrecían consuelo y permanecían cerca de ellos. Sin embargo, había preguntas para las que nadie en ese lugar podía encontrar una respuesta capaz de aliviar su sufrimiento.
Amalia y Eduardo fueron localizados sin vida en su domicilio de la colonia Córdova; Eduardo la estranguló y, posteriormente, se quitó la vida dentro de la vivienda.
La tragedia dejó a sus hijos frente a una pérdida doble y a una realidad que ahora tendrán que aprender a enfrentar.
La última despedida también quedó marcada por una decisión familiar: Amalia y Eduardo fueron sepultados en el mismo lote, pero en espacios separados por apenas 40 centímetros.
Ambos descansarán en la fila 14, sepulcro 11, de la manzana 10 del panteón Sagrado Corazón. Estarán uno junto al otro, aunque cada uno tendrá su propio espacio de sepultura.
La distancia es pequeña, apenas unos centímetros de tierra entre ambas tumbas. Sin embargo, detrás de esa decisión queda una historia familiar atravesada por una tragedia que cambió para siempre la vida de sus hijos.
Entre las flores, las canciones del mariachi y los abrazos de sus seres queridos, Amalia y Eduardo recibieron el último adiós. Sus familiares comenzaron a retirarse del cementerio con el peso de una ausencia que no termina con el entierro.
Para sus hijos, la despedida dejó algo más que dos tumbas contiguas: dejó el dolor de perder a sus padres y preguntas que seguirán resonando mucho después de que el panteón vuelva al silencio.




